16 de Septiembre: “Día Internacional de la Protección de la Capa de Ozono”

jueves, 16 de septiembre de 2010

"El 16 de septiembre se celebra el Día Internacional de Protección de la Capa de Ozono, instituido en 1995 por las Naciones Unidas para sensibilizar sobre este problema a la opinión pública".

"Desde 1985, en que se adoptó el Convenio de Viena para la protección de la capa de ozono, que fue seguido de varios acuerdos internacionales (protocolo de Montreal en 1987 y enmiendas de Londres, 1990; Copenhague, 1992; 1995 y Montreal, 1997), se ha logrado un recorte sustancial en la producción de los famosos CFCs (compuestos clorofluorocarbonados), principales responsables de la destrucción del ozono. Sin embargo, la destrucción de la capa de ozono sigue adelante: en efecto, las concentraciones estratosféricas de cloro y bromo, derivadas principalmente de los CFCs, HCFCs, halones y bromuro de metilo (BrMe) continúan en aumento y solo empezarán a disminuir en torno al año 2000, según previsiones; la erosión de la capa de ozono continuará, siempre según previsiones, en tanto los niveles estratosféricos de cloro y bromo superen un umbral crítico. Se calcula que el nivel de cloro estratosférico considerado seguro no se alcanzará hasta mediados del siglo que viene, si se cumplen los compromisos internacionales. Esto se debe a que la cantidad ya emitida de estos compuestos sigue y seguirá ejerciendo sus efectos durante muchos años. Pero además, los convenios internacionales no han eliminado aún la producción de los compuestos que destruyen la capa de ozono. En concreto, las sustancias conocidas como HCFCs (hidroclorofluorocarburos) y el BrMe (bromuro de metilo) podrán seguir fabricándose y usándose masivamente hasta bien entrado el siglo que viene. Los efectos de este uso son un retraso en la recuperación de la capa de ozono, con el consiguiente aumento de la radiación ultravioleta sobre la superficie terrestre, lo que implica mayor número de cánceres de piel, cataratas, debilitamiento del sistema inmunitario de los seres vivos, reducción de la productividad vegetal, etc.

Para Ecologistas en Acción, los HCFCs fueron desarrollados por la industria de los CFCs como sustitutos de los mismos cuando se hizo evidente el efecto destructor del ozono de estos últimos. Los HCFCs también destruyen la capa de ozono, aunque menos que los CFCs, y contribuyen al calentamiento terrestre, por lo que no son buenos sustitutos de los CFCs. Debido a ello, la última enmienda del protocolo de Montreal, acordada hace dos años en Montreal, prevé el fin del consumo de HCFCs de nueva producción para 2015 en los países desarrollados, y la eliminación en todo el mundo de la producción para 2040. La razón de estos plazos tan largos para la eliminación de unas sustancias probadamente nocivas no es otra que las presiones de la industria química, que quiere recuperar las inversiones ya realizadas o planeadas para fabricar HCFCs. La industria arguye la inexistencia de sustitutos válidos para ciertos usos de los HCFCs, pero esto no es cierto en la mayoría de los casos, donde existen ya o podrían desarrollarse en pocos años sustitutos adecuados.

El beneficio privado de unas pocas multinacionales ha conseguido, por el momento, prevalecer sobre la protección de la salud pública, que ya está siendo afectada por la desaparición del ozono protector de la estratosfera.

La historia del BrMe es bastante similar. El BrMe es un biocida de amplio espectro, usado principalmente en agricultura (en cultivos hortícolas, en especial fresa y tomate). Ya ha sido prohibido en algunos países, como Holanda y Dinamarca, no solo por su capacidad de destruir la capa de ozono, sino por su carácter contaminante del agua. El uso agrícola del BrMe puede sustituirse por técnicas mucho menos impactantes (solarización, control biológico de plagas, rotaciones de cultivos, abonado orgánico, etc). Para Ecologistas en Acción el agricultor debería considerar que la desaparición del ozono tiene un efecto perjudicial sobre los cultivos, y no debería sacrificar la producción futura por usar un método de control de plagas como el BrMe, efectivo a corto plazo.

Según la enmienda de Montreal (1997), el uso y producción de BrMe debe terminar en los países desarrollados en 2005 y en los países "en vías de desarrollo" en 2015 (con posibles excepciones para "usos esenciales"). La industria del BrMe ha luchado y lucha denodadamente por retrasar el final del uso de esta sustancia, presentándose como defensora de los agricultores y de los países pobres. Una iniciativa de la Comisión Europea para adelantar la prohibición del BrMe a 2001 no ha salido adelante, por presiones de países como España, fiel defensora de los intereses de los bromuradores. La agricultura española es una consumidora importante de este compuesto, ocupando el segundo lugar en la UE tras Italia (unas 4.000 toneladas en 1995, es decir, del orden de un 5% del total mundial); casi la mitad de ellas se usan en Huelva (fresón) y Murcia (pimiento).

La investigación científica ha puesto de manifiesto que cuanto mas se tarde en prohibir el uso de los HCFCs y del BrMe, mas tiempo tardará en repararse la capa de ozono, y durante mas tiempo estarán los seres vivos expuestos a un aumento de las radiaciones ultravioletas, con los consiguientes efectos negativos. Además, recientes investigaciones sugieren que el aumento de emisiones de gases de invernadero está influyendo también indirectamente en la destrucción del ozono estratosférico, agravando la pérdida de éste y retrasando su recuperación".

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